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MANUELITO PARRANDERO, ENTRE TODAS EL PRIMERO


por: @efrainmarinojr

Quiero recordar “al profe” de la manera como lo conocí; cantando “la vieja Sara” composición del maestro Rafael Escalona, ebrio de alegría y con su pinta cachaca, con tirantes rojos, camisa blanca y vestido oscuro…



Ese día decidimos hacer un festival vallenato en Bogotá, homenaje al maestro Rafael Escalona, que llamaríamos “Acordeones en la nevera”… el Escalona de Oro.



Allí empezó nuestra quijotesca aventura de amistad, coincidimos en que nos gustaba la música, el fútbol, el periodismo; el era el director del Periódico Chapinero Vanguardista y yo su alumno aventajado; el era el Quijote y yo su Sancho Panza.



Era impresionante como se alargaban las horas escuchando sus anécdotas, tenía una memoria prodigiosa, conocía a mucha gente importante, y casi todas me las presentó, si; fue el quien me presento en la sociedad periodística; especialmente a los periodistas de espectáculos, pues decía que la farándula era una liviandad.

La música y el fútbol eran sus temas favoritos, y metiéndonos en sus entrañas, pienso que eran su vida, aunque te podía hablar de todo lo que le preguntabas, excepto de política… “yo de eso no hablo, en eso no me meto”, aunque en la elecciones pasada me llamo a decirme … “cualquiera menos Petro” y eso lo llevó a alejarse de algunos amigos de toda su vida que llevaban la bandera petrista.



Santa Fe fue su equipo del alma, me invitó por primera vez al campin, a ver jugar a su equipo, yo hincha del junior aprendí a querer al equipo cardenal, era la época de oro de Agustín Julio y siempre que yo iba al estadio Santa fe ganaba, entraba con él a camerino y todos los saludaban como “el profe” luego salíamos por la calle 53 de galerías hasta la vietoteka a tomarnos unas polas o nectar rojo su trago favorito, dónde no faltaba algún hincha que lo reconocía y le gritaba “conseguiste mozo costeño” el reía y les respondía … “deje la envidia y búsquese el suyo”… y así nos daban las 2 o 3 de la madrugada comentando la alineación, recordando a las viejas glorias del fútbol; sabía más que yo del Junior de Barranquilla, ciudad donde estuvo trabajando en el Diario del Caribe, conoció al campeón Edgar Perea y bien pasito, para que no escuchará nadie me decía que Junior era su segundo equipo del alma, por encima del América de Cali, del cual es hincha su hijo mayor.



Su canción favorita “La Vieja Sara” era tema obligado en las tertulias musicales, el vallenato era su pasión, conocía a todos los grandes, cubrió 16 festivales de la leyenda vallenata, me presentó a Lolita Acosta y luego a Juan Rincón Vanegas, los jefes de prensa del festival, así como a los juglares y grandes del género, pero también era una biblia en la música tropical, se sabía la cronología y discografía de las agrupaciones que prendieron la rumba en Colombia en los años 60 en adelante, fue jefe de prensa de muchos y amigo de todos.



Cómo escritor fué muy prolífico, pero desordenado, escribió cinco libros pero solo tres de ellos vieron la luz, un manual de redacción escrita, el libro “El juglar inolvidable” la vida y obra de Juancho Polo, al lado de otro de sus alumnos, el joven Manuel Serpa, su gran amigo y alcahuete; y el libro “Los Leones Rojos” 70 años de la historia de Santa Fe, que fue un éxito y se agotó en corto tiempo y el próximo mes de diciembre sería el lanzamiento de la segunda edición, libro del cual tuve el honor de diseñar la portada.



Quedaron en el tintero el libro de “Jorge Oñate, El más grande” pues cuando estaba listo a salir se murió el jilguero de América y se detuvo todo; y el libro “El baile, historia de la música tropical en Colombia” del cual siempre busco un patrocinador.



Él fue mi profesor particular de redacción, era mi corrector de estilo privado, le gustaba mi estilo de crónica narrativa y me impulsaba a ser cada vez mejor, me regañaba cuando no tildaba las mayúsculas y cuando usaba muchos lugares comunes.



En lo personal Manuelito era un “genio y figura” literalmente hasta la sepultura, siempre usaba frases para todo… “yo no tomo para adelgazar, yo tomo para emborracharme”… “gaste media y le cuento”… “el día que yo me muera, ustedes descasan de mi y yo de ustedes”… “soy un ebrio feliz y moriré en mi ley”… y así fue … lastimosamente el alcoholismo le ganó la partida y poco a poco fue deteriorando su salud, varias veces lo visite en algún cuarto de motel de mala muerte, le lleve ropa y comida… lo motive a salir de allí pero fue imposible, otra vez lo acompañe a Alcohólicos Anónimos y salió corriendo diciendo que el no iba a cambiar de religión… tomo la decisión de vivir su vida a su gusto y así también la terminó como el quiso.



Conoció a mi familia, mi madre, esposa, mis hijos, hasta fue el padrino improvisado de bautizo de mi último hijo, yo conocí a sus hijos, hermanos y amigos … y la amistad se convirtió en una especie de familiaridad sin nombre, en la que sabíamos que contábamos el uno con el otro.



Te vas manuelito, a la parranda eterna con Oñate, Diomedes, Leandro, Alejo, Escalona y todos tus grandes amigos … a mí me dejas con la deuda de escribir sobre ti y no sé me ocurre nada más que recordarte como eras, tomarme un trago en tu nombre e ir a tu funeral para parafrasear a Escalona … “tengo que hacerle al viejo Mañe… una visita que le ofrecí, pa' que no diga de mi que yo lo tengo olvidado”…


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